El SEÑOR "S" Y EL SEÑOR "J":

Terminada la premiere, los dos directores se dirigieron a la fiesta. El señor "J" tenía una sonrisa de oreja a oreja, mientras que la expresión del señor "S" era alicaída, seca y arrastraba los pies.
El señor "J" no paraba de elogiar los trabajos del señor "S", hablaba y hablaba sin parar de la inspiración que le habían proporcionado; de su espíritu aventurero, la magia que contenían y de lo que habían marcado su juventud.
El señor "S", con el mismo rictus serio, terminó de cenar primero. Se levantó y le dio unas palmadas en la espalda al señor "J", se alejó, mientras una multitud se acercaba para felicitarle por su último trabajo.
Ya en casa el señor "J", henchido de gozo, encendió su flamante monitor de plasma. Cuando pensaba acostarse, sintonizó, ya empezada, una película en blanco y negro. "J" fue perdiendo su alegría mientras la emisión avanzaba. La emoción se apoderaba de él, de forma más y más profunda.
Al terminar, el señor "J" vio que la película se titulaba "La lista de Schindler", dirigida por un tal señor "S". Recordó las palmadas en la espalda después de la cena y "J" se echó a llorar.

En contadas ocasiones a lo largo de la historia del cine de terror, la cámara de cine ha sido poseída realmente por un espíritu maligno. “El Resplandor” de Kubrick tiene la suerte o la desgracia de contar con ese privilegio. No hay ninguna duda, ya desde los títulos de crédito iniciales la cámara aérea, que capta las serpenteantes carreteras que conducen al Hotel Overlook, se ha encarnado en el verdadero Mal. La forma en que se mueve: inquietante, acechante y amenazante; la convierte en el más enigmático de los personajes, en un personaje más del film. Aquel que no vemos ni oímos, pero siempre sentimos su presencia. Digamos que el espectador, incomodo, se revuelve en su butaca, intuyendo que en la habitación donde está viendo la película hay “algo o alguien más”. No existe nada que produzca más incertidumbre y miedo, que aquello que no se ve.
Respetando solo la estructura exterior de la novela de Stephen King, la acción se va desarrollando a lo largo de los días de una semana, con cortes bruscos en el montaje que separan cada día. Kubrick quería un acercamiento con los espectadores, tras el destemplado encuentro de público en “Barry Lyndon” (1975). Así pues, tomando como punto de partida la superficie de la novela de King, Kubrick filmó su particular, libre y obsesiva visión de “El Resplandor”. Pocos pudieron imaginar que la película estaba a punto de cambiar los códigos tradicionales del terror para siempre, que un giro de tuerca sin retorno se encontraba a la vuelta de la esquina. El público no se hizo esperar y se produjo la reconciliación con Kubrick. Cientos de miles de espectadores alrededor del globo se reencontraron con el neoyorquino, mientras Stephen King se desligaba del proyecto al ver traicionada, casi por completo su novela. No era una película de terror más.
La interpretación de Jack Nicholson como Jack Torrance, ha quedado grabada a fuego en la mente de todo aquel incauto que se haya atrevido a pasear por los pasillos y rincones del Hotel Overlook. Tras aceptar el puesto de vigilante invernal del hotel, Jack se traslada con su mujer Wendy, y su hijo Danny, para pasar aislados la estación completa y encontrar la tranquilidad necesaria para escribir su novela. Danny y su especie de telepatía empezarán a funcionar, incluso antes del traslado al hotel.
Es cuando “The Shining” comienza su periplo en el imaginario de Kubrick. Una mente retorcida, que se refleja en un intrincado laberinto. El uso de planos muy abiertos, predominando el gran angular, poniendo en evidencia la megalomanía de Stanley Kubrick. Angulaciones sobrecogedoras sobre el rostro de los personajes por los que fluye el pánico, sobre todo en los rasgos psicóticos que Nicholson va desarrollando a lo largo del metraje. La soledad y la funesta leyenda que pesa sobre el Overlook, transforman a un abnegado padre de familia en un demente que no dudará en dar muerte a todo aquel que se ponga por delante. El Mal, se reencarna esta vez en la recién inaugurada Steadycam que vaga por los pasillos, a veces deprisa, otras parando, mientras el sonido va mellando la cordura del espectador. Alucinaciones, habitaciones prohibidas que no deben ser franqueadas, antiguas fiestas de moradores y persecuciones hacha en mano son solo algunas de las delicatessen con las que nos obsequia Kubrick. El espectador contempla petrificado a Danny y su resplandor, estableciendo comunicación telepática con el señor Halloran, empleado del hotel, para acudir a su rescate y al de la frágil esposa de Jack Torrance.
“El Resplandor” es un oscuro cuento sobre el aislamiento del ser humano, la mente desequilibrada y sus reacciones en un territorio hostil. En las que la pérdida del sentido de la realidad se hace más patente que nunca, en las que no sabemos donde entra lo sobrenatural o el simple folclore. El escalofrío es verdadero y todavía antes de pulsar play en una noche sin mucho que hacer, uno se lo piensa dos veces. Porque con Kubrick, todo se amplifica y el terror no iba a ser menos. Excelente, es una de las cimas del terror cinematográfico, que sentaría las bases para muchos proyectos hasta el día de hoy.

Recuerdo que los viejos cines de barrio solían tener un telón para cubrir y descubrir la pantalla. Con el avance de las grandes superficies y los multicines, este romántico hecho ha ido relegándose a un plano secundario, desteatralizanzo en cierta manera las proyecciones, quitándoles cierto encanto propio de los patios de comedias. Zack Snyder, conocedor de esta pérdida, abre la película con una apertura de telón proyectada, ficcionada, de la que nadie puede librarse. Nos advierte, de forma sutil, de una inminente procesión de personajes con fuerte trasfondo psíquico, en el que anidan la locura y el delirio, pero también la humanidad y la cordura; esa que muchas veces queda eclipsada por un telón.
Resulta hasta cierto punto excitante pensar en la trayectoria del cineasta, porque sus anteriores películas parecían un tanteo para llegar a este personalísimo proyecto. Sin importar los resultados, con vocación de tesis doctoral y saltando a la piscina a riesgo de que esta pudiese estar vacía. Podrían rastrearse las influencias de Snyder para aterrizar en “Sucker Punch”, pero el de Wisconsin sale indemne. Vuela alto y libre sin temer a que se le despeguen las alas y a comparaciones. Tiene un estilo tan genuino, que pararse a comparar sería una quimera sin sentido. El mundo no había tenido a su alcance algo tan rabiosamente original desde hacía varios años.
Muchos preferirán quedarse admirando el caramelo. Mirando su envoltorio multicolor, que pasa de una escala de grises a la gama completa de colores del arco iris. Muchos no querrán abrirlo. Algunos porque preferirán quedarse en la superficie, otros porque no sabrán hacerlo y otros intentarán catarle sin quitar el envoltorio; no saboreando más que aparente locura, putas, mozas recias, loqueros, cocineros obesos o inconexión neuronal orquestada. Otro sector no tendrá problemas en abrir el caramelo. Seres desprejuiciados que no necesitan un manual de instrucciones para ello, que sienten y se dejan llevar, que son capaces de apasionarse antes de razonar la ecuación y válidos para vivir en comunión con los personajes y la historia.
“Sucker Punch” es aún terreno virgen, en el que la cultura pop del siglo XXI se mezcla de forma manierista. Son tantos los palos que toca de manera brillante, que muchos querrán descubrir la formula que hace que todo funcione como un reloj suizo. Muy pocas veces en los últimos diez años he salido de la sala con el estómago encogido y el corazón en un puño. La película camina durante sus 110 minutos por la cuerda floja. Snyder tiene el control absoluto de lo que en manos de otros hubiese sido un producto de consumo carente de alma. Todo funciona en un prodigioso equilibrio de guion, interpretación, banda sonora y dirección.
Si uno termina llegando al corazón del caramelo descubrirá que no era macizo, que su vertiginosa montaña rusa se cimienta en una preciosa y precisa historia dramática; tan sólida que consigue que todas sus capas no se muevan un ápice. Una historia convencional que teje a su alrededor diferentes mundos. Cada uno con su encanto, donde los objetos se subliman para poder unir la historia. “Sucker Punch” elogia sin miedo a despeinarse: al cine, al teatro, al videojuego, al cómic, a los cuentos bien contados en los que el fondo se beneficia de la forma.
A la salida, si se ha producido la conexión entre espectador y narración, uno se queda con ganas de aplaudir, con un sentimiento de complicidad que lamentablemente cada vez sucede menos. Con ganas de haber podido ver bailar a Baby Doll, aunque no me cabe duda de lo ha tenido que hacer extraordinariamente bien. Obra Maestra en el principio de esta nueva década. Un tesoro para disfrutar y redisfrutar.

Jugando con las iniciales de las cuatro bases nitrogenadas fundamentales del ADN encontramos el origen del título de la película. El neozelandés Andrew Niccol no dejó iniciales, nombres y demás referencias al azar. Todo (o casi todo) en “Gattaca” tiene su razón de ser. Los títulos de apertura, al compás de la wagneriana banda sonora de Michael Nyman, muestran las férreas reglas en las que se mueve el universo presentado en la opera prima de Niccol. Los planos detalle de pelos, uñas y células muertas de piel cayendo estruendosamente al suelo riman en consonancia con los nombres del equipo artístico y técnico. Cada “G”, cada “A”, “T”, y “C” de nombres y apellidos aparecen resaltados en negrita.
Resulta descorazonador pensar que un simple análisis de sangre, apenas unos minutos después de nacer, pueda determinar y marcar la frontera entre lo válido y lo desechable; entre la perfección y la imperfección. ¿Puede el espíritu humano venir determinado en los genes? Para Vincent Freeman (hombre libre) no. Sentenciado a cardiopatologías desde su nacimiento, sueña con volar desde La Tierra hacia la superficie de Titán, una de las lunas de Saturno. Tan solo una identidad falsa y acciones al margen de la ley pueden hacer realidad su sueño.
En la elitista empresa aeroespacial, “Gattaca” no hay lugar para la imperfección. En un mundo de seres humanos perfectos, los concebidos a la antigua usanza no tienen más opciones que pasar la pulidora por los radiantes suelos de la agencia. El mundo alrededor de “Gattaca” se nos presenta con un cierto estilo noir propio de los años 50, en lugar de optar por complejos escenarios de ciencia ficción que hubieran disparado el presupuesto del film.
Bajo la falsa identidad de Eugene (bien nacido, en griego) Morrow, (¿Tomorrow? Mañana) un atleta perfecto confinado paradójicamente a una silla de ruedas; Vincent trabaja imparable para lograr su objetivo. En “Gattaca” conoce a Irene Cassini, (el astrónomo Cassini describió en el siglo XVII la separación de los anillos de Saturno) que ocupa un puesto relevante en la agencia y mantiene una relación sentimental con él.
La trama se teje entre la ciencia ficción, el drama y el cine negro. Rodada con un aspecto retro, pero más cercano al que presentan otras películas de ciencia ficción, presenta un clima ciertamente claustrofóbico pero también hermoso. Son dignos de mención los bellos scopes que presentan ciertos planos abiertos y la transparencia del film en su mayor parte. Nada es casual en este universo. La escalera de caracol del apartamento de Eugene es una hélice de ADN de difícil acceso, pero que representa a la perfección que no hay recompensa sin esfuerzo.
Ethan Hawke, Jude Law, Uma Thurman, Alan Arkin y el escritor estadounidense, Gore Vidal, cumplen con creces su cometido. Las interpretaciones son sobrias y equilibradas. El guión es sólido y pese a pecar de cierto didactismo academicista no presenta apenas fisuras. La partitura de Michael Nyman es de excepción, adaptándose de forma suave a todos los pasajes de la película.
“Gattaca” es ya una de las grandes películas de la última década del siglo XX. Cada revisión la honra y engrandece su legado. Posiblemente Andrew Niccol no se haya superado aún a sí mismo, dejó el listón demasiado alto.
Y es que no existe un gen para el espíritu humano. Imprescindible.

Una de las secuencias más terroríficas del fantástico español se encuentra al inicio de “Abre los Ojos”. No tiene efectos especiales, no hay efectos de sonido con una nota más alta que la otra y sin embargo produce un escalofrío que difícilmente puede olvidarse. El plano de César perplejo, abriéndose paso por la desolada Gran Vía madrileña ya forma parte de la memoria colectiva. Todavía trece años después provoca esa extraña sensación de irrealidad, de desasosiego, antes de oír el título de la película ¿a través del despertador?, para posteriormente contemplar impreso el título en pantalla. Y no con cierto miedo, el espectador observa inquieto la misma secuencia, que esta vez desemboca ya en una Gran Vía en plena hora punta.
El público desde el mismo inicio del film queda advertido del juego de espejos al que se expone y del que César, desde su celda del psiquiátrico penitenciario, nos hablara en primera persona durante el resto del metraje. Un relato mental difuso y distorsionado.
Alejandro Amenábar, después del rotundo éxito de “Tesis” (1996) no se demoró en la construcción de su segundo largometraje, que huyendo de la linealidad que éste primero tenía, se adentro en una espiral pesadillesca, llena de locura; pero dotada de una lírica fuera de lo común con ecos del mejor K. Dick.
Eduardo Noriega (César) nos brinda el que es su mejor rol hasta la fecha, acompañado de una inspirada Penélope Cruz (Sofía), Fele Martínez, Chete Lera y la siempre enigmática y perturbadora presencia de Najwa Nimri en el papel de Nuria.
César es el heredero de una familia de hosteleros al que no le falta de nada: dinero, fiestas, amigos y sobre todo mujeres. Todo deja de ir bien cuando empieza a coquetear con Sofía y la celosa Nuria decide lanzarse a la cuneta con César para terminar de una vez por todas. Este es el punto de inflexión en el que todo comienza a ser un juego de dobles realidades, incoherencias vitales, apariciones inesperadas de su femme fatale y deconstrucción del tejido narrativo que se presenta a modo de puzzle.
César queda completamente desfigurado, defenestrado a tener que mirar a los ojos de Sofía desde una mascara que nunca deseó, bajo la lluvia en el parque de El Retiro, condenado a no ser nunca más reconocido. Con la ayuda de su psiquiatra (impagable Chete Lera) empezará a recuperar cierto orden mental y a reconstruir el rompecabezas mental que le acosa, haciéndole plantearse la realidad en la que vive. Y llegar, paso a paso a descubrir la verdad.
“Abre los Ojos” es una rara avis en el panorama fílmico español. De los parámetros amateur de “Tesis” se pasa a un espectacular despliegue técnico. La película rebosa agilidad, es notablemente entretenida y uno puede perderse reflexionando en los renglones de su milimétrico guión o quedarse pasmado ante una historia repleta de poesía por los cuatro costados.
No tardaría la maquinaria hollywoodiense en interesarse en el proyecto desembocando en “Vanilla Sky”, (película que servidor se ha negado a visionar) remake del film español. Además la sombra de “Abre los Ojos” es alargada y pronto se vio reflejada en otras producciones que cambiarían el rumbo del cine tal y como hasta entonces se conocía.
¿Dónde reside la fuerza de la película de Amenábar? Es emocionante y emotiva a partes iguales. Y cuando el espectador contempla la secuencia final en la azotea de La Torre Picasso y las luces de la sala nos devuelven a la realidad la reverencia a la película del chileno es casi una obligación. Obra maestra de fin de siglo.

La vida es redonda, como lo es la última película de David Lynch. Un mecanismo de relojería perfecto, que funciona como un compendio de muñecas rusas perfectamente separadas y que por lo tanto pueden ser perfectamente unidas. El sueño del absurdo hecho realidad en bellísimas imagenes digitales. La película se deconstruye, se niega se podría decir, para trascender hacia un universo mitológico y esférico como un disco de vinilo con un solo surco y que inevitablemente lleva hacia el ''imperio interior''(Inland Empire). Ver ''Inland Empire'' no es sólo sentarse para ver una película como convencionalmente se conoce. El cine analógico está muriendo y Lynch lo profetiza en esta monumental obra de tres horas de duración. Su larga duración descansa. No hay argumento , no hay película. Hay ensayo del instante. No sólo hay que ver, hay que mirar. Nos encontramos ante una obra total. El tiempo será el encargado de encumbrar esta ''pequeña maravilla''. Bienvenidos al nuevo cine.

Desde el festival de cine de Valladolid me emociono al escribir esto. Fue el Domingo 28 a las 16:30 cuando pude disfrutar del pase del nuevo film de Wong Kar Wai. Las opiniones de los críticos no eran muy entusiastas: "no emociona, ni decepciona". Que sabrán estos señores de sentimientos... que sabrá la prensa de cine... El vello de la piel se pone como escarpias al contemplar esta hermosísima película. Y los ojos se emocionan al terminar la función en la sala oscura con alguna que otra lágrima al ser consciente de la tremenda obra maestra de la que había sido testigo. Cuando queda una hora escasa para el fallo del jurado del festival escribo estas líneas. Wong Kar Wai es magia y es cine en estado puro. No sé si ganará algún premio, pero sí he visto toda la sección oficial del festival y esta película gana a miles de puntos a cualquier otra de las proyecciones de este año. La calidad, la fotografía, el guión, los actores, la música, el montaje, todo es perfecto, una obra de artesanía pero sobre todo de humanidad y sentimientos desbordantes. Un viaje de busqueda interior de Nueva york a la ruta 66 pasando por las vegas y directo al corazón. No puedo seguir escribiendo... no me salen las palabras... estoy emocionado. La obra maestra del año. Gracias por su poema de amor señor Kar Wai, yo también guardo las llaves de la vida.

El único episodio piloto de una serie que puede contemplarse como una película o la única película que puede contemplarse como un episodio piloto de una serie. La imaginación de David Lynch junto con los conocimientos sobre televisión de Mark Frost provocaron esta obra cúspide de la ficción televisiva o cinematográfica, pues es extremadamente difícil saber lo que es. ¿Cine o televisión?. Su sentido de lo misterioso, macabro y del humor están presentes durante los 90 minutos que dura esta delicia. La perfecta definición de unos personajes inolvidables. Una banda sonora salida directamente del corazón de Angelo Badalamenti en armonía con el de Lynch. Una atmosfera como pocas veces se ha visto, teñida de tonos cobrizos tan del gusto de Lynch hacen que surjan un torrente de sensaciones que ya son una leyenda viva del cine. Después todo o casi todo es Twin Peaks. "Perdidos" bebe de ella, "Six feet Under" está contagiada de su sentido del humor y "Expediente X" con sus misterios.
Twin Peaks, la serie que siguió al piloto, es magnífica, su primera temporada es un trallazo para los sentidos y la segunda, pese a sus bajones y dispersiones argumentales, contiene momentos nunca superados en tensión, onirismo y surrealismo. Actualmente la serie goza de un nuevo resurgimiento dorado. Nunca debe caer en el olvido. Lynch en plena forma desde su "cabeza Borradora" hasta su épica y magna "inland Empire" hizo que todo el mundo se fijara en su particular universo.
Un 10 ó más. una exquisitez.

La gamberrada española del 2007 se llama REC (¿Residuos En Celuloide?). En el surgimiento del fantástico español que nos acecha en los últimos tiempos, sin duda hemos logrado ser más que nadie. Más gilipolleces fotograma por segundo que nadie, más litros de tinta roja que nadie, los muertos vivientes más malos del mundo y así se podría estar uno hasta el infinito...
Este pseudodocumental es posiblemente una de las peores cosas que le podía suceder al ya maltrecho genero de terror. Desde un planteamiento televisivo de moda se gesta la macedonia más absurda y decadente imaginable. Un "revival" hecho en freidora oxidada y aceite sin cambiar desde hace años.
Miedo baratuco, homenajes al Peter Jackson y Sam Raimi originales, guión repleto de incoherencias y unos actores que dejan en la más absoluta indiferencia. Los que pasaron miedo con esta película deben probar un segundo visionado sin sonido. En efecto, sin sonido y comprobarán que la película se basa en la contínua subida y bajada de volumen para crear el susto.
Con todo lo malo la peli divierte y hace agradable sus 85 minutos de duración ya que siempre te hace ir un segundo por delante mientras piensas que nueva tontería te mostrará ahora.
Lo mejor: que hace recordar que hubo tiempos mejores en el género
Lo peor: Que el cámara no muera en los primeros minutos y así nos ahorre esta tremenda estupidez extrema

Pura cultura pop del siglo XXI. Catastrofista, hilarante, irritante, compleja, absurda y poco convencional película del cineasta creador de "Donnie Darko". La película muestra con eficacia, sátira, ironía y tono mordaz un retrato de EE.UU que dará mucho que hablar. En un mundo postapocaliptico (Topico donde los haya) Kelly hace un pastiche de las normas fílmicas en una película esquizofrénica y paranoica a la par que hermética. El mundo despúes de la Tercera Guerra mundial retratado con un ojo propio del esperpento y la caricatura.
Dejando el mundo de "Donnie Darko" atrás pero con el sello que esta primera tenía se dibuja una radiografía multidisciplinar y caótica donde el reparto coral de estrellas adolescentes busca cambiar el mundo con teorías del presente, pasado y futuro. Energías renovables, patrocinios para la guerra imposibles (¿o no?), reality-shows, música y mucha mala leche. Banda sonora de excepción a cargo de muchos grupos pero principalmente del músico Moby, que da en el clavo. Números musicales imposibles en un mundo nihilista a más no poder. A destacar el baile que nos regalan Dwayne "The Rock" Johnson y Sarah Michelle Gellar. Magnifica secuencia en unos Estados Unidos hipernaturalistas en las elecciones venideras, con banderas norteamericanas a mansalva. Crítica social con tono de ciencia ficción musical inolvidable en uno de los collages que no dejará a nadie indiferente. Pletórico Justin Timberlake como narrador en off de una las historias más bizarras que ha dado el cine en mucho tiempo.
Totalmente inclasificable, pop, pop de diseño y más pop de síntesis. Muy buena y con multitud de simbologías para revisitar. Así es como el mundo acaba...

Una película inmortal como pocas. Necesaria y clave para la historia del cine, ahora bien, como la mayaría conoce la película he decidido hacer una crítica algo menos ortodoxa de lo habitúal y he incluido en la zona con spoilers una serie de apreciaciones.
Siempre he pensado en la muerte de Roy Batty desde que tengo uso de razón. Y mientras Rick Deckard contempla su serena agonía siempre me he preguntado lo mismo: ¿se confunde la lluvia de Los Ángeles resbalando por su cara con sus lágrimas?, ¿lloró Rick Deckard mientras veía morir a Roy Batty? Sin ningún género de dudas descubrí con Blade Runner que algún día, mi familia, amigos, enemigos y yo moriríamos; pero claro era demasiado pequeño para entender la película, el paso del tiempo y la muerte cuando con 13 años piensas que como adolescente eres inmortal. Que te vas a comer el mundo y que eres imparable. De alguna forma El Unicornio se me quedó grabado a fuego. Esa figura de papel que no dice nada pero a la vez lo dice todo perduró en mi mente y me hizo que periódicamente tuviera la necesidad de volver una y otra vez al mundo de Blade Runner.
No sólo descubrí el paso del tiempo y la muerte. También descubrí el amor. Supe que en algún momento de mi vida se presentaría mi Rachael particular y que daría igual como fuera; sí replicante o humana, guapa o fea, gorda o delgada... Supe que el amor no tendría barreras llegado el momento y que su naturaleza no tendría fin.
Sin duda la película cambia cada vez que se ve. Nunca ves la misma Blade Runner, a pesar de sus montajes, a pesar de sus variaciones, porque lo más importante es que la mente, tu mente cambia cada poco tiempo, y la película cada vez cuenta una cosa distinta.
Blade Runner tiene 25 años y parece que sea una recién nacida, o mejor dicho quizás no haya nacido aún...
No hay límites en su discurso, es tan bonita, tan emocionante que todo lo que diga se me quedaría corto. Cada día podría decir una cosa nueva. Cada día podría derramar lágrimas en la lluvia que se perderían. Pero sólo para brotar en su siguiente visionado. Así hasta que el tiempo inexorable, quiera cortar mi humana vida. ¿4 años, diez , treinta más?
Mi pregunta sigue siendo la misma desde el principio: ¿se confunden las lágrimas de Deckard con la lluvia?

Pocas veces es tan gratificante poderse meter en una sala de cine y poder acariciar el tacto aterciopelado del reposabrazos de la butaca. Más aún cuando se trata de un festival de cine y la semana comienza a pesar al ver tanta película.
Es grato encontrar películas como la que ocupa estas líneas porque son las que hacen que otras sean grandes películas. Después de la floja "En la cama", (Espiga de Oro en Valladolid vaya usted a saber porqué) Matías Bize nos regala esta solemne infamia. Una cinta llena de pretensiones y sobre todo de ejemplos de como no hacer nunca una película. Una pareja protagonista sacada de una pesadilla, y un desarrollo tan torpe que produce serias carcajadas. Encima el señor Bize se sentirá orgulloso de este trabajo, mientras otros grandes talentos quedan sin descubrir por culpa de engendros como éste.
No todo es malo, pues como indiqué más arriba la butaca era cómoda y la sala caliente en una fría tarde de Noviembre. Mientras la gente abandonaba la sala en desbandada me acurruqué en la sala y me puse a pensar en mis cosas mientras veía como otros iban cayendo en los dulces brazos de Morfeo. Yo pensaba en otras cosas (no recuerdo cuales, pero a buen seguro más interesantes que el film) de vez en cuando echaba una ojeada al patético bodrio del que estaba siendo testigo y ya de paso me eché unas risas (que oye, nuca vienen mal) Y es que eso es lo bueno, que no todo es ver cine, a veces te das cuenta de que tu tiempo puede ser mejor invertido. Eso es lo bueno; eso es lo bueno de aburrir...
Si tienen oportunidad, no dejen de ver el absurdo diálogo en el supermercado sobre la génesis del agua mineral. Sí tienen una pistola a mano a buen seguro la usaran contra la pantalla.

He podido ver la película dos veces, una en su versión doblada en español y otra en versión original. La primera la vi rodeado de mis amigos en una sala hasta las trancas, la segunda en casa tranquilamente, en versión original. Ninguna de las dos veces me gustó especialmente. En ningún momento de la película pude engancharme y entrar en la película.
Visualmente he de reconocer que tiene sus logros e imágenes bastante bellas y con buena capacidad hipnótica. Pero literariamente es vacua, floja y fofa. La novela gráfica de Frank Miller siempre me ha parecido sobrevalorada (a excepción de algunos episodios de "Sin City" o el magnífico "Batman, año uno")
300, tanto cómic como película, me dejan totalmente indiferente y por lo tanto practicamente incapacitado para hacer una valoración del film. Al acabar no tengo más que la sensación de haber visto un videoclip bastante largo pero bien trabajado. Sus personajes son vacíos y sin emociones, muy muy planos, tan sólo hay uno interesante, el espartano 0,5, pero era feo, deforme y traidor...

Empezad a ver esta película sí podéis, avanzad en su metraje sí os atrevéis y sí al terminar os sentís igual, nunca más un cine piséis. Acompaña a Lilja a través de su mundo, mira con sus ojos, que son los de muchos; recorre sórdidas calles en busca de un posible futuro, en busca de una familia, en busca de un poco de cariño...
No, no hay un futuro en el mundo de Lilja, no hay una familia, no hay nada en su mierda de vida, no hay nada... nada...
Lukas Moodysson filma de forma atroz e inflexible el retrato de una niña que nunca lo fue. Casi de forma documental, y acuchillando el encuadre se nos hace testigos de una historia que es tristemente común en muchos lugares. No hay casi lugar para los sueños en esta tremenda pesadilla. Un mal sueño naturalista del que no se puede despertar. Malditos sean los que juegan con los niños, malditos los indeseables que los usan como moneda de cambio.
Un film imprescindible, necesario y rotundo para que las vidas de muchos niños no pasen antes de tiempo ante sus ojos.

Álex de la Iglesia es perro viejo en este oficio y nunca ha negado que uno de sus objetivos en la vida es hacer dinero con sus películas. Su sinceridad le honra, no muchos pueden decir lo mismo. Cualquiera que haya visto sus storyboards y tenga un poco de criterio no puede hacer más que quitarse el sombrero, pues tienen más de cómic grandioso, que de story al uso.
El film está dirigido con elegancia, distanciándose de sus anteriores trabajos de comedia negra y demás excesos "iglesianos". Es como sí quisiera borrar sus huellas y hacer una película donde no se sepa quien es el director; una película llena de tópicos y clichés ya vistos, por genios como Hitchcock o directores irregulares como Brian de Palma. El film es artificioso, sí. ¿Y qué?, sí funciona perfectamente, y me divierte como pocos lo habían hecho últimamente. John Hurt está extraordinario, Elijah Wood correcto. El ritmo es endiabladamente bueno. Y aunque no hay nada nuevo que contar se marca la vacilada de hacer un plano secuencia de casi 2 minutos que ya muchos nacionales quisieran hacer. No es el de Orson Welles en "Sed de Mal" ni mucho menos, ni una película redonda, ¡pero como divierte!. A muchos no les gustará que de la Iglesia quiera apuntar al mercado anglosajón y norteamericano. Envidiosos...

De vez en cuando uno se encuentra con una película tan interesante como la que ocupa estas líneas. Una película a la que muchos no quieren mirar y donde realmente hay mucho que ver. Gregg Araki, cineasta de lo oculto, coge el toro por los cuernos para contar una historia, que sin estar carente de poesía, no termina de funcionar plenamente. No queda sin embargo más remedio que reconocer valentía para filmar una película que de antemano pasará inadvertida por la mayor parte del público.
La fotografía esta deliciosamente cuidadada, así como el montaje que funciona a un nivel realmente bueno, siendo casi pilar maestro de esta película.
El guión es árido, al igual que la novela, con unos personajes de difícil empatía.
El resultado es de una interesante propuesta, con sus más (que de esto no hay tanto) y sus menos (que hay bastante más).
No consigue el aprobado aunque sí captar la atención del espectador más inquieto. Una rara avis del cine actual que peca de algunos excesos para contar "los misterios de la piel humana".

El bombo y platillo que esta película ha generado no encuentra justificación ninguna. Y la muletilla que ha encontrado dentro de la distribución española, —más allá de la pasión—, sobra. Pues sí hay algo de lo que carece esta película es de pasión. Keira Knightley y James McAvoy ocupan el arte del cartel del film cuando debería ser la tremenda Saoirse Ronan su punto de referencia. ¿Pasión? que alguien me lo explique. No hay química ninguna entre la pareja "protagonista", no hay emoción, no se transmite amor en ningún momento y mucho menos esa "pasión". Saoirse Ronan tiene otros sentimientos que realmente sí sobresalen más allá de la pantalla: celos, envidia y finalmente expiación... Meta conseguida.
Técnicamente es un brillante en bruto. Hay una buena realización y una prisa incomprensible con la que algunos quieren elevar demadiado deprisa a Joe Wright al olimpo del cine. No hay duda que hay un buen hacer y un querer superarse dando como resultado una buena obra. Pero esa pretenciosidad sólo consigue una película con buenos momentos. Y recurre a algunas trampas no recomendables en su parte final, cuando la película está totalmente desinflada y fofa y pretende levantar un vuelo que nunca levantó.
Muchos han alabado el primer tercio como una obra maestra. Yo simplemente lo dejo en una parte más de la película.
Menos mal que el personaje de Briony Tallis está soberbio y consigue al fin y al cabo cierta "Expiación". Pero nada más...

Segundos después de ver esta película uno se siente cómplice. No me entiendan mal, pues aunque usted no haya hecho nada será, como espectador, complice único de un crimen.
Nadie más que usted lo sabrá, pero será capaz de ver con otros ojos, de analizar con otra mirada, de hacer una síntesis de la radiografía de un culpable que lo está pasando jodidamente mal; de Álex, (porque el culpable tiene nombre y no piensa hablar), otro inadaptado más del último cine de Gus van Sant. No aparte la mirada, no cierre los ojos. Piense en lo que ve, en lo que hay en los largos travellings (ya típicos de van Sant), reflexione, pues si usted no lo hace nadie lo hará. Maravíllese con la dirección de fotografía de Christopher Doyle (que tanto ha ayudado al cine preciosista de Wong Kar wai) en otra faceta distinta; más áspera, real, cruda pero a fin de cuentas hermosa. Escuche; pues hay sonidos, hay música en este film que nos ayuda a entender estados de ánimo; muchos géneros distintos para una misma culpa.
Una carta, una epístola en llamas purificadoras para una culpa inconfesable. Un mundo difícil para nuestro protagonista. Hay problemas en el mundo, pero ¿porqué pensar en ellos sí los nuestros son ya una tortura?.
No agache la cabeza mientras ve la película, no pierda de vista a Álex. Observe su conducta, sus expresiones. ¿Qué no ve nada?, mire bien, hágase el favor y sucumba ante la sutileza que se nos propone. En el Paranoid Park, en la ducha, mientras camina por la calles o el instituto.
No me llame paranóico. No me invento nada. Todo (y lo que se me habrá escapado) está allí; en el encuadre. Hágase una pregunta: ¿hasta dónde está usted dispuesto a ver la culpa?
Gus van Sant nos da las herramientas, usted tiene la mente. Disfrute de este magnífico film.

Considero a "The terminator" (1984) y "Terminator 2: The Judgment Day" (1992) dos obras maestras.
Hace unos meses me encontré con el anuncio de una serie. "The Sarah Connor Chronicles", que recibí con entusiasmo. Entusiasmo que poco duró, pues poco después de comenzar a verla uno se da cuenta del bodrio que está comtemplando. Entiendo que es una serie, sí. Que la forma de trabajar es totalmente distinta y que los recursos y métodos en una serie son tototalmente distintos. Pero es que semejante aberración no conserva elementos sustanciales que tienen sobre todo las películas de James Cameron. En ellas había un desasosiego contra el tiempo (siempre en contra), y un miedo irracional que provocaba Skynet (el villano supremo que controla la rebelión de las máquinas).
En esta serie sólo salvo a Lena Headey que le pone ganas y hace un cierto papel interesante. Pero nada más. Insulsas tramas, un John connor lamentable, Terminators que no intimidan, un terminator protector femenino plano y sin carisma (encima se llama Cameron). Cada capitulo pesa y se hace mortalmente aburrido. No conserva la esencia ni el desasosiego que falta...

Hay veces que uno resiste la tentación de ir al cine porque las copias que se exhiben son dobladas. Sabía de antemano lo importante que sería poder ver la última película de David Cronenberg en versión original. Por fin llegó el ansiado momento de verla.
Cronenberg lleva unos años reinventándose, sobre todo desde la magistral "Crash" (1996); adaptando el concepto de la Nueva Carne al que ha sido fiel en toda su extensa y brillante carrera.
Posiblemente sea esta "Promesas del Este" su mejor película tras "Videodrome" y "Crash" (no la confundan con la de Paul Haggis por favor).
Cronenberg ha hecho uno de sus mejores trabajos y de paso una de las mejores películas sobre mafias sin casi quererlo. No sé de donde habra sacado tantísimos datos sobre la mafia rusa, pero hay un trabajo de documentación realmente extraordinario en un primer término. Una dirección de actores magistral, logrando una de las mejores interpretaciones de Viggo Mortensen (que poco a poco ha sabido ir librandose de las vestiduras de Aragorn) y de Naomi Watts; aunque Vincent Cassel no se queda atrás en absoluto. Una perfecta banda sonora acompaña esta tremenda historia de violaciones y de rusos ocultos en el Londres actual. La película pasa como una exhalación dejando con ganas de más.
Cronenberg es fiel a su estilo, conserva su visión sanguinaria y sin contemplaciones que siempre le ha acompañado y por primera vez la ternura brilla en el metraje. La nueva Carne en forma de niña recién nacida. No se la pierdan. Obra maestra.

Jaime Rosales ha visto mucho cine europeo. No hay duda que se ha empapado de directores como Lars von Trier, (véase la división en capítulos en plan "Dogville"); de Michael Haneke (véase sus planos contenidos); de C. T. Dreyer, (véase el uso con significado del silencio); Peter Greenaway (véase la polivisión en ventanas tipo "The Pillow Book").
¿Qué es lo que hace de la película de Rosales una película pretenciosa?, todo lo anteriormente dicho y lo que se me escapará. En las películas de los directores nombrados estos recursos pasan inadvertidos ante el ojo del espectador sin distraer en ningún momento. La historia fluye de manera ágil y hermosa sin que pares en pensar en el recurso fílmico propiamente dicho (claro que también es posible hacer visionados para analizar su uso).
Pero Rosales tropieza intentando ser un innovador y un renovador cuando ésto ya está hecho. Se me ocurre la Uruguaya "Whisky" que tanto contaba con tan poco. Pero es que ésta última no tiene trampa ni cartón.
"La Soledad" es tremendamente tramposa (pondré un ejemplo en spoilers), es un experimento semifallido y no emociona. No encuentro naturalidad, sino todo lo contrario: Artificio. Usos del fuera de campo sin control y utilización de escalas largas de feria.
Una película muy irregular, que debería haber pasado sin pena ni gloria, a pesar de que unos cuantos "especialistas" quieran elevarla. Se puede ver, aunque no comprenda el título.
No puedo creer que se pueda ser tan tramposo usando una secuencia de un atentado terrorista, para que el espectador eche la mirada a los ataques del 11-M. Un punto muy muy negativo en su contra.

A veces suceden estas cosas. Es raro pero a veces ocurren. ¿Cómo se cuela una película como ésta en las nominaciones de los Óscar? Es un absoluto misterio al alcance de muy pocos.
Los Coen lo logran con esta "Fargo" reflejada en un espejo deforme. El reflejo devuelve el título "No es país para viejos". Y es cierto que en estos tiempos, los perros viejos ya no se llevan. Sheriffs de estrella en el pecho ya no quedan y los pocos que resisten al paso del tiempo están totalmente deprimidos en un opresor e inhóspito paraje.
Western: un poco, Thriller: un poco, ¿ciencia ficción?: incluso una brizna. No me llamen loco por favor. Pero el arma portada por Javier Bardem, convierte a un auténtico asesino en un pseudo-cyborg aniquilador. Bardem con su semblante primario, primitivo y mirada perdida ve y mata. No hay contemplaciones. Cara y cruz.
Dinero, mucho dinero en este "wilderness". Un antiheroe, Josh Brolin (que ha tenido su año dorado).
Tommy Lee Jones, lo mejor del film. Perro viejo reflexivo hastiado. Una pieza de museo en un territorio no apto para viejos.
Fotografía de excepción, en esta reacción en cadena del mal. El mal infecta progresivamente la sala oscura, hasta que todo termina en seco, como un tiro en la frente del espectador. Hasta ahí podemos ver. El espectador es aniquilado a los 120 minutos.
Sí sobreviven quizás prefieran olvidar, o pensar en lo visto. Quien sabe, pues los tiempos, los tiempos están cambiando. Un privilegio.

Recibo con expectación cada nueva película de Tim Burton.
Su universo está ya totalmente definido. Freaks salidos de una oscura mente de fantasía que deambulan por un siniestro-entrañable mundo. Sweeney Todd es una propuesta más radical sí cabe que sus anteriores films. Burton filma por vez primera un musical de forma estricta.
De factura técnica impecable: ambientación cuidada hasta el extremo, diseño de vestuario excelente, grandiosa dirección de fotografía (sobre todo en los mometos más coloristas del film) y un estupendo diseño de sonido.
Pero no me convence plenamente. Sí me preguntan: ¿te ha gustado?, respondería con un "sí, pero..." Y es que la película tiene bastantes "peros". Johnny Depp está correcto aunque no termina de labrar su papel. Helena Bonham Carter es sin duda lo mejor de la película con un personaje psicológicamente más potente que el de Depp.
No noto una progresión en la carrera de Tim Burton que ha dejado de explorar y se ha estancado en las fórmulas que él mismo inventó y que tan bien han funcionado.
Me ha gustado pero no apasionado ni aportado nada nuevo. Un interesante (gothic) musical.

Ignorada deliberadamente en nuestro país por las distribuidoras, "The saddest music in the world" del canadiense Guy Maddin, sigue sin estrenarse cinco años después de su realización. Una auténtica oda de amor al cine convertida a la fuerza en película de culto. Vista simplemente en el festival de Sitges del año 2003 ha ido ganando terreno y forjandose su propia leyenda particular. Un recorrido de amor al cine; desde las películas expresionistas de la UFA, pasando por el surrealismo de Buñuel, acariciando parámetros lynchianos pero todo ello con los adelantos más punteros que el cine contemporáneo puede ofrecer.
Producida bajo el mecenazgo de Telefilm Canadá y el genial Atom Egoyan nos embarcamos en un oscuro sueño en el que un concurso para determinar cual es la composición musical más triste de la historia sirve como excusa para reencontrar recuerdos ya pasados aunque nunca olvidados. Filmada en blanco y negro, al más puro estilo primigenio con coloreados azules y algunas secuencias en color se tiene la sensación de estar contemplando una auténtica película de los años 30 con el máximo respeto de la tecnología de hoy. Isabella Rossellini con sus piernas de vidrio rellenas de cerveza como maestra de ceremonias. La enigmática e hipnótica María de Medeiros y su amnesia. Nostalgía en la época de la gran depresión post 1929. Una película excepcional, ignorada, sin editar en España pero siempre buscada en esos circulos fílmicos en los que no se puede dejar de hablar sobre ella. Una maravilla.

—Abuelita, abuelita, cómprame un ordenador que me apetece mucho chatear. Soy una heroína justiciera de 14 años y quiero ejecutar el ojo por ojo a los malos—
Hard Candy, el debut de David Slade, constituyó un éxito en el festival de Sitges y una cumbre en la pedantería más altanera de estos últimos tiempos. Llena de fallos de raccord y un guión sacado de la papelera se teje una película que debería haber sido desechada cuando no era demasiado tarde. Repleta de planos cortos y movimientos de cámara, cada cual más enrevesadamente malo se nos cuenta esta historia de una caperucita armada y con ganas de venganza. A rebosar de diálogos estúpidos, parece escrita en una tade de aburrimiento e ideada con ganas de comerse el mundo, y quedarse con el espectador.
Ellen Page antes de interpretar la fantástica "Juno", realizó este bodrio para ver un día lluvioso sin mucho más que hacer.
Por lo que respecta a David Slade en la actualidad adapta de manera horrorosa el magnífico cómic de Steve Niles y Ben Templesmith "30 días de Noche"
Hard Candy es una de las peores películas de los últimos años en las que las pretensiones juegan su peor baza.

Al aparecer la niebla el ser humano se despeja y todos sus sentidos quedan más agudizados. Aunque pudiera parecer lo contrario, ve más allá, oye lo que no puede ver, huele elementos nuevos, se ve obligado a tocar cosas ocultas y a saborear lo desconocido: miedo, amor, compasión, ira, etc...
En la niebla acechan no sólo criaturas asesinas sino nuestra naturaleza humana en una situación límite. Frank Darabont adapta y dirige este cuento de Stephen King después de haber adaptado de forma extraordinaria Cadena Perpetua y La Milla Verde.
Narrada en un tempo lento y dosificando sabiamente la trama, se nos presenta este siniestro relato en el que el ser humano saca lo mejor y peor de sí mismo. Un somero uso de las criaturas infográficas; sugeridas en su mayor parte, así como del gore explícito, usado de forma restringida, contribuye a que el espectador penetre en la mente de los personajes, podiendo analizar el comportamiento del ser humano en una situación de ceguera metafórica. La dirección de fotografía consigue perfectamente el tono sórdido que la historia requiere.
Sus últimos veinte minutos, son de lo mejor que le ha sucedido al cine de terror en los últimos tiempos. La partitura de Mark Isham nos acompaña en un viaje hacia la nada, a través de la niebla donde un extraño y descorazonador lirismo se apodera de forma mortecina de los espeluznates hechos que ocurren en el segmento final de la película.
Muy buena, y con un tramo final que toca la gloria salido de las manos de Darabont y no de la novela de King. No se la pierda.

Los Lumière dijeron que el cine "es un invento sin futuro":
—Provoca crisis y uniones
—Nos separa de nuestras verdaderas vocaciones
—Nos pierde entre un mundo comercial y autoral
—Estremece sin un porqué
—Es causa de amores, indiferencias y DESPRECIOS
—Es tan profundo como el mar azul de Capri
—Realidad en la ficción dentro una ficción
—Literatura, imagen y música todo en uno
—Imagenes y música inolvidables
Aún así los Lumière rezan en la pélicula que "el cine es un invento sin futuro" y Godard aquí muestra lo contrario. ¿A quien hacemos caso?. Obra Maestra

Noche de proyección en la Filmoteca Noruega. Se proyecta "Carretera Perdida". Asiste el futuro director de "Next Door" Pal Sletaune.
Termina la proyección y se sienta a meditar lo visto en un parque próximo. Su mente echa a volar:
—Que peliculón acabo de ver...
—Que atmósfera, que fotografía, que...
—¡Un momento!, se me está ocurriendo...
Y es que jugar a ser David Lynch puede ser peligroso.

Contempla la creación. Levántate por la mañana temprano y sal a pasear. No despiertas a tu novia que yace recostada en posición fetal. Sales por la puerta y un sol recién nacido te deslumbra, hace que frunzas el ceño y parapetes tu cara para mirar más allá del horizonte. No te extraña el encontrar cuerpos errantes tapizando el asfalto y con paso taciturno palpas tu bolsillo. Tintineando giras el contacto de tu coche y sin cartas de navegación avanzas sorteando los bultos que colapsan la carretera. Hastiado paras en la cuneta y pones los pies en tierra. El viento modela tu cara y sientes una amalgama de olores ocres, húmedos, llenos de matices. Tomas un terrón y presionas; el viento enfurecido disipa sus restos en varias direcciones. Tus ojos se irritan y te tumbas entre las amarillentas espigas. Por primera vez en años miras las nubes mientras te frotas los ojos enrojecidos.
Empiezas a pensar lo mucho que la quieres y las pocas veces que se lo has dicho. Mientras, los árboles cantan una letanía y de vital elemento carmesí tintas las espigas que te rodean. Con visión borrosa y débil te incorporas. Tus goteantes muñecas se aferran al teléfono y viendo el teclado a duras penas haces una llamada. Salta el contestador automático de tu apartamento y balbuceas un nombre ininteligible; antes de desplomarte la dices que la quieres y en un último pensamiento anhelas despedirte de ella en persona, acariciando sus labios, tocando sus pechos y acunando su pelo. Los árboles lloran, el viento gime, una lágrima cae en una brizna de hierba; una liebre anodina es el único testigo de tu último acto. Comienza a llover y suena el teléfono móvil...
Y es que Shyamalan nos advierte muchas cosas en esta parábola. Cuenta muchas cosas de forma sencilla pero con trasfondo complejo. Y es que el ser humano se ha separado de sus iguales y se pierde en un nihilismo desesperanzador. Técnicamente es magistral. En sus 90 minutos nada sobra y nada falta. Tan solo algunas carencias en el reparto, que se ven suplidas por el potencial de la historia, le restan puntos. Desprovista de todo ornamento innecesario muestra en planos milimétricos la llegada de algo que mata. Estos son los síntomas: problemas en la comunicación, parálisis y autodestrucción. Se ha perdido el contacto directo y el calor humano, para preferir una comunicación tan postiza como los objetos del apartamento piloto que aparece en una de las secuencias del film.
Rápidamente se intentan buscar causas de origen botánico o actos terroristas que poco a poco van perdiendo fuerza. Shyamalan solo pide dos cosas al espectador: que abra la mente durante los 90 medidos minutos que dura la película y reflexión, pero el hombre ya no sabe escuchar...
Esa plaga no es más que una metáfora de la alienación humana de una raza que esta perdiendo su confianza en sí misma por una progresiva despersonalización y falta de amor.
Elliot desde su escondrijo habla con Alma y Jess a través de un tubo inerte a la cabaña que está a unos pocos metros. Finalmente decide echarle valor y salir a un mundo donde no esta sucediendo absolutamente NADA para recuperar a (su) ALMA y entrar en comunión directa con una naturaleza tan asustada como el propio ser humano y así reiniciar una convivencia perdida, abrazarse, tener un hijo...
El experto del final del film no hace más que lanzar hipótesis que son tan válidas como las del mendigo de la esquina.
Los paises nórdicos ya sufren de la tasa más alta de ansiedad, depresiones, falta de comunicación y suicidios del mundo. Son estadísticas, no me invento nada y eso poco a poco se esta reproduciendo en otros lugares.
Shyamalan advierte en esta genial obra infravalorada antes de su estreno .La película más atrevida y arriesgada de lo que va de año de este narrador irrepetible. Bravo

Esto no es una oda al cine. Un canto de amor al cine son "Arrebato", "Inland Empire", "Ocho y medio"...; por poner algunos ejemplos de verdadero amor al cine.
Esto no es más que un batiburrilo de películas mezcladas y licuadas en clave de comedia fulera y bobalicona. Jack Black haciendo de sí mismo por enésima vez y Michel Gondry pasándose de listillo después de grandes films como "Olvídate de mi" o "La ciencia del sueño".
Si de verdad quería amar al cine con esto debería haberse replanteado el esquema y el formato, no digamos el reparto, del que solo salvo a Mia Farrow, que ya protagonizó otra verdadera película de amor al cine como es "La Rosa Púrpura del Cairo".
Un arranque gilipollesco y desarrollo torpón, torpón en el que Gondry no enseña sus mejores armas. Petardo con falso regusto ochentero que se olvida a la primera de cambio. Una memez.

Siempre he creído que una película debe tener unos títulos de crédito que formen parte de la historia y no ser solo una mera lista de personas. Y es que “Dos en la Carretera” tiene unos títulos de crédito iniciales maravillosos. Desde esas sucesivas señales de tráfico y marcas viales se nos avisa de una película llena de giros, sentidos y adelantamientos prohibidos.
Nunca una road movie ha sido tan certera para contar una historia romántica como la de Audrey Hepburn (Joanna) y Albert Finney (Mark). Más bien para hacer un escaneado de una relación desde el noviazgo hasta el desgaste matrimonial y elegir en consecuencia que camino tomar.
La película comienza con un viaje en el que Mark debe reunirse con un colega de negocios. Le acompaña su mujer Joanna. En estas breves secuencias podemos ver un distanciamiento entre los cónyuges y un alto posicionamiento social.
Con un manejo magistral en el montaje y continuos saltos en el tiempo seremos testigos de la pasión inicial de la pareja, baches y por último desgaste. Cada momento temporal tiene sus propias claves y encanto, cada momento esta lleno de detalles que nos explica lo que fue para saber lo que en el presente es. En momentos iniciales se puede contemplar a una Audrey Hepburn juvenil y desenfadada, con una larga melena al viento y a un Albert Finney, descuidado, campechano y pasional. La química del uno con el otro es absoluta y la fantástica partitura del gran Henry Mancini, que nos acompaña durante toda la película, destaca brillantemente esos encuentros.
La interpretación es un ejercicio de estilo por parte de ambos que hacen un papel inolvidable.
Frederic Raphael construye un extraordinario guión, dinámico, ágil, divertido, pero sobre todo eficaz para cada parte de la relación. Inolvidable la secuencia de la playa con la puesta de sol abrazados. Tanto dirección artística como vestuario realzan como nunca a una Audrey Hepburn de la que uno se enamora, aunque realmente nos enamoramos de una pareja que pese a sus deslices y tropiezos decide parar y avanzar como nos decían las señales de tráfico del principio, al igual el espejo retrovisor de esos mismos créditos que nos hace mirar atrás y ver si lo vivido es suficiente hermoso como para continuar.

Coincidiendo con el final de la tercera temporada me decido a escribir una pequeña opinión sobre la propuesta televisiva, que bajo mi criterio más interés tiene actualmente en territorio nacional.
Hace un tiempo se estrenaba bajo una gran promoción esta serie de televisión de la que inmediatamente pensé que era una estupidez. Me enganché a ella a partir del segundo episodio y hasta la fecha de hoy ha ido ganando mi aprobación.
No es frecuente que en España se arriesguen a hacer una serie de misterio, pero ahora parece un momento propicio, pues lo acompañan grandes coproducciones como "El laberinto del fauno" o producciones enteramente nacionales de cine fantástico como son la interesante "El Orfanato" o la reciente "REC" que toca el gore y el terror.
"El internado" es para mi una de esas escasas veces donde se produce una buena unión entre el buen hacer de un equipo de producción, técnico y artístico.
La ambientación de la serie es realmente buena, desde la genial recreación de interiores del internado "laguna negra" (todo es de estudio) hasta los rodajes de exteriores con un bosque lleno de misterios y lago incluído que deben su influencia a Twin Peaks.
El elenco artístico no podría ser mejor, Luis Merlo (que de momento esta haciendo el papel de su vida), Natalia Millán (genial interprete de la obra teatral musical "Cabaret"), una tremenda Amparo Baró y la sorpresiva Marta Torné dan solidez a un reparto de jovenes talentos debutantes que dan vida a los alumnos de "El internado" (han ido mejorando bastante desde el comienzo de la serie).
Esta curiosa mezcla hace que funcione esta ambiciosa propuesta de misterio, y repito que las series de misterio nacionales no triunfan en España, me remito por ejemplo a la malograda "el pantano".

—Homer, si alguna vez viajas a través del tiempo NO TOQUES NADA, porque eso podría tener unas consecuencias inimaginables—
Este es el consejo que el abuelo Simpson dio a su hijo el día de su boda y como Karra Elejalde debía ser huérfano y no vio "Los Simpson", se dedicó a viajar en el tiempo tocando el máximo de cosas posibles.
Nacho Vigalondo ha hecho una película entretenida y a ratos estimulante sobre viajes en el tiempo y elementos de thriller a la que podría exigírsele bastante más. El resultado es un interesante film con sus aciertos y sus carencias.
Parece ser que el señor Vigalondo tiene mucho interés en ser un director reconocido y reconocible y no ha dudado en darse un importante papel en su primer largometraje.
No hay demasiadas cosas más a destacar en esta cinta que recuerda en cierto modo a "Primer" de Shane Carrut.
Correcta y curiosa.

Krzysztof Kieslowsky escribió la historia, Sidney Pollack y Anthony Mingella se enamoraron del guión apostando por él, y Tom Tykwer la materializó. No deja de ser curioso que los tres primeros artífices de esta hermosa historia hayan muerto. ¿No sé en que lugar pueden estar?, puede que en ese "Heaven" que títula el film; no lo sé. Lo que sí es cierto es que Tom Tykwer está vivito y coleando y sacó el máximo partido que se ha podido sacar hasta la fecha de Cate Blanchett (y mira que es una grandísima actriz); pero esta "Heaven" tiene algo especial. No sé si será su minimalismo, su forma honesta de abordar la relación que surge entre C. Blanchett y G. Ribisi, pero hay algo especial, algo emocionante entre el carabinieri y la "terrorista", algo que no puede existir en la tierra. Por eso, solo por eso, su romance no puede tener escondite en la tierra. Nada mejor que escapar en vertical, escapar hacia el cielo y dejar volar sus corazones allá dónde nuestra mente pueda terminar, de forma libre y sin ataduras, una historia de amor y valentía sin fronteras.
Por eso aplaudo al señor Tykwer que tanto buen cine nos ha dado y sigue dando, un director inquieto en una Europa en constante movimiento. Con esta "Heaven" casi toca el cielo en una cinta que va ganando puntos con cada revisión.

Aunque Iván Zulueta tenga algunos trabajos más, es esta "Arrebato" la que le costó el alma. No hay más que ver alguna comparecencia de Zulueta para ver a un hombre abatido, absorbido como si hubiera vendido su alma para engendrar "Arrebato" y convertirse en un mito condenado a no volver a hacer cine. Y es que "Arrebato" no es una película como convencionalmente se conoce. Hay tanta pasión, tanto dolor, tantos jirones de alma arrebatados por celuloide vampírico que una persona, que por vez primera vea "Arrebato", al término de la película palpará en su cuello en busca de dos marcas de colmillos. Iván Zulueta sale muy poco, rehuye al mundo y se pasea por su mansión de San Sebastián en bata, como alma en pena que ha perdido parte de sí. Nunca podrá recuperarse y se alimenta a través de "Arrebato" y sus espectadores extasiados por su mortecina cadencia de imágenes y sonidos.
Así sobrevive este Fausto del cine, que pactó la pérdida del alma a cambio de una película única, desmesurada, destructiva y constructiva al mismo tiempo como un puto chute de heroína en vena.
Iniciática y visionaria; de lecturas infinitas e indescifrables; de un poder hipnótico sin igual. Tan seductora en su forma y fondo que de solo pensarlo asusta.
A veces se dice que una fotografía contiene parte del ser retratado. "Arrebato" pues, contiene todo el ser de su director, que como su protagonista no podrá volver a mirar a través ni ser captado con una cámara, pues no existe más que en celuloide.
Una experiencia inolvidable y turbadora. ¿Es a mi a quien le gusta el cine o al cine al que le gusto yo?. El que la ve y queda atrapado vuelve a ella periódicamente. Un extraño círculo vicioso. Obra absoluta e indiscutible.

Nos preguntaban las directoras, Maitena Muruzábal y Candela Figueira, en Octubre del pasado año: ¿hay algún distribuidor en la sala? Y es que a un servidor le hubiera gustado decir sí en aquel momento. Resulta que "Nevando voy" es una de esas pequeñas sorpresas que nos trae el cine en ocasiones. Para empezar es una película que nace sin financiación ajena ni tipo de ayuda por parte de ningún organismo. Antes de comenzar la película tan solo aparece el rótulo: Producciones Cronopia. Una entidad creada por las propias directoras que se nutre de sus propios bolsillos y de algunos allegados. Una situación inusual en estos tiempos en los que si no tienes padrino adios muy buenas. El caso es que las directoras no sabían si su película quedaría en el olvido después de su paso por algunos festivales.
Antes de poder conversar con ellas se proyectó por primera vez ante el público la película y ya desde ese primer momento uno tiene la sensación de estar presenciando una economía de medios muy bien aprovechada.
Tratada con un mimo encomiable la película nos cuenta la historia de una serie de personas desligadas de su familia real que en invierno van a coincidir en una fábrica de cadenas para coches. Allí se formará una segunda familia paralela que suple la falta de su verdadera familia.
Intimista, con cuatro personajes principales bien escritos y sobre todo muchas ganas de hacer cine sin importar el resultado, sin importar las taquillas; en definitiva por amor al arte.
Nevando voy no es una película perfecta ni redonda. Pero es tan honesta que deja en calzoncillos a muchas producciones que parten con presupuestos millonarios y muchas pretensiones.
Estos días de estrena comercialmente. De forma discreta como película discreta que es. Pero sin duda para un debut de esas circunstancias es un logro. Ese es el camino a seguir. Una estupenda película, directa y transparente.

Este concepto de R. Bresson define con precisión el inicio del proceso creativo, que poco a poco irá enriqueciéndose hasta convertirse en el objeto artístico deseado; concretamente en este caso: la película. Pero cuando ese blanco, ese silencio y esa quietud persisten se produce un vacío existencial que repercute de forma directa en el ser humano. Esto puede traducirse como una interminable noche de insomnio en el que uno mira al techo en blanco sin ver.
Los Coen realizan con “Barton Fink” su película más personal y destacable. Interpretativamente hablando es perfecta. Jamás he vuelto a ver a un John Turturro y a un John Goodman tan extraordinariamente inspirados y dirigidos. Las secuencias en las que comparten espacio son las más brillantes, hipnóticas y divertidas del film.
Técnicamente es sensacional, con movimientos de cámara elaborados (algunos magistrales) y angulaciones tan sugestivas como inquietantes.
Sátira y crítica con la meca del cine a la vez que analítica con los misterios de la mente humana y sus laberintos, está en consonancia con el espacio vivo de la película. Un hotel que responde a estímulos humanos, sangrando, sudando, sufriendo y ardiendo.
Es imposible no hacer con esta película cierta comparación con Lynch o Kubrick, pero lejos de ser un inconveniente (en cualquier otro director esta situación podría haber sido un lastre), éstas dos formas de ver el cine se amoldan perfectamente al universo de los Coen.
El sonido es parte fundamental de la película y habla y sugiere por sí mismo. Es de agradecer que esté tan cuidado y sea un elemento de tanta trascendencia como pueda serlo la imagen.
Genial. Sin duda el eje central del que parte el universo de Joel & Ethan Coen

Realmente contiene uno de los grandes finales de la historia del cine, lo cual no justifica el bodrio culebronesco que precede al final; que es toda la película a excepción de su arranque con el viaje de la tripulación al que considero muy bueno.
Pero la historieta con los monos... Ay amigo. Existirá mucha metáfora sobre la condición/evolución del ser humano. Lo que es lícito y no lo es, pero es tan absolutamente de cartón piedra que dos buenos momentos en una película no enmiendan un desarrollo estúpido en el que se intercalan romances imposibles con criaturas de maquillaje de feria y otras tonterias inverosímiles que dan al traste con una buena idea de base.
Críticas religiosas y totalitaristas al servicio de "Ojos Claros" Heston en un film tan espectacular como fallido. Y de la de Tim Burton mejor ni hablamos...
Su sobrevaloración me deja atónito.

Pero su póster "typical spanish cool in Barcelona" es una película tan normalita que difícilmente pasa de un aprobado. Es una gozada verle a usted haciendo películas en Londres donde la historia estaba por encima del lienzo, que es lo que sucedía con "Match Point"; pero es que "Vicky Cristina Barcelona" (de todos los santos) parece un DVD promocional sacado de INTUR, una película acarameladota y propagandera donde los cimientos son más importantes que el contenido y nuestros actores made in spain quedan muy por debajo de lo esperado. La técnica le ha funcionado Mr. Allen. EE.UU. a sus pies pero muy por debajo de las intepretaciones que otros directores han sabido sacar de ellos.
A nosotros nos deja a Scarlett, para recrearnos con ella y todos contentos.
Pero es que las cosas no son así "my friend" adoptado en Barcelona, no. Prefiero ir a Barcelona , visitar la Sagrada Familia con mi novia y allí tener un "affair" dónde un maromo me intente afanar a la concubina, antes que creerme su última película, que desde luego no figura entre sus pilares maestros.
¿No cree que sus actores son un poco mayorcitos para ser unos "teens" jugando al corre que te pillo por la estampa condal y sus calles?
Ay amigo Woody, raspa el aprobado y se olvida de inmediato. Muy por debajo de lo que cabía esperar de usted.

Parece ser que Atom Egoyan es otro de los realizadores que deciden alistarse al buque de la mediocridad después de haber dirigido tamañas obras como "The Adjuster", "Exotica" o "The Sweet Hereafter". Cuando otro gran director comienza su declive cabe preguntarse: ¿qué está sucediendo con el cine, y con aquellos supuestos nombres que no deben fallar?. No seré yo quien dé solución a un enigma que de un tiempo a acá se está conviertiendo en algo corriente. Prefiero dejarlo en una pregunta retórica.
Egoyan en su último trabajo, "Adoration", realiza un artificio pedante y pretencioso que no convence. No hay nada emocionante en esta historia de identidades confusas. El guión tiene lagunas que podrían llamarse oceanos. Las otras veces inspiradas melodías de Mychael Dana en esta ocasión pasan por una vulgar partitura que no se recuerda después de la proyección.
Y el reparto en general no nos regala ningún gran momento.
Atom Egoyan no hace pie en su propia piscina y se ahoga en una narración de medias tintas. Pretende abarcar tanto que no logra profundizar en sus propuestas.
La forzada secuencia final en la que Simon se purifica y libera quemando los iconos religiosos o el testimonio de su abuelo grabado en el teléfono móvil no consiguen transmitir esa sensación de redención que se pretende.

Me resulta un tanto paradójico que un film que hace gala de poner en tela de juicio el lenguaje usado, se permita el lujo de esgrimir largos y profundos discursos con grandes palabras. "La Cuestión Humana" es una película ciertamente estimulante, realizada del modo aséptico y gélido que el relato en sí mismo necesita. Y es que de nuevo una investigación sobre un personaje es el motor que mueve y remueve el pasado para sacar a la luz sus demonios. O dicho de otra forma: Simon, psicólogo de "recursos humanos", investigando al director de la petroquímica para la cual trabaja. El descubrimiento del pasado de su jefe hará que su ética se vaya desmoronando poco a poco, a la par que la realidad empresarial se hace análoga a los movimientos totalitarios del siglo XX y sus hechos.
El "recorte de personal", "selección humana", etc... se mezclan con los sucesos vividos por los dirigentes de la factoría, afectando al investigador que ya nunca más podrá afrontar su trabajo de la misma manera. La música funciona como valvula de escape "válida" para aliviar y desahogar; funciona como lenguaje "auténtico" ante un lenguaje "podrido".
Pero la película tiene taras que merman su efectividad y validez. Y es que para denunciar los eufemismos, la película se vale también de enormes eufemismos en forma de grandes monólogos y misivas; afectando de forma importante la verosimilitud del discurso interno de la película. Hecho que baja enormemente la calidad de una película que podría haber sido mucho más sutil y conseguir mejores resultados siendo menos explicita. Es decir: dejando al espectador un puesto más activo. Lejos de resultar la alabadísma y original película que la crítica parece haber descubierto, "La Cuestión Humana" es un film bastante destacable no exento de problemas y contradicciones en su narración. Ciertas secuencias sostenidas como por ejemplo las de los números musicales, o las fiestas estroboscópicas y liberadoras me resultan ciertamente cargantes y forzadas.
Estimulante y atractiva, pero con fisuras internas que lastran un, en verdad, interesante film.

En la actualidad vivimos rodeados de "realities" infames e infectas películas de terror. Cuando ambos elementos se funden surgen engendros como la serie que nos ocupa:
—Muchachos, ¡vamos a ver "Gran Hermano"!
—No, que ésta es una serie de zombies.
—Da igual, la misma mierda son, sentémonos y disfrutemos.
¿Pretende denunciar la estupidez de éstos contenidos? A mi me ha parece que consigue todo lo contrario.

En el paraje del Gólgota una mujer crucificada levanta la cabeza y observa una polvareda cegadora. Un bólido se dirige a toda velocidad hacia el lugar dónde las legiones romanas atacan inutilmente al vehículo con sus lanzas. Éste se detiene; y de media ventanilla abierta surge una mano empuñando una Uzi que masacra a las desvalidas tropas. Reanuda la marcha para detenerse de nuevo ante la cruz. Con una motosierra cercena la base y libera de clavos y ataduras a la crucificada, la introduce inconsciente en el asiento trasero del coche y prosigue su via crucis. Al amanecer se detienen ante un precipicio y ambos con los pies colgando ante el abismo entablan conversación:
—¿Quien sois vos?, pregunta la mujer.
—¿"Vos"?, No. Bond, James Bond, responde el caballero.
El silencio solo es roto por la algarabía de dos niños que juegan cerca con sus cometas. El caballero se levanta y después de dar un beso en la frente a la mujer, le entrega una ficha del Casino Royale. Se cepilla el polvo del traje y arrancando su flamante Aston Martin se pierde en la lejanía.

Las más hermosas secuencias de este film nos las regalan en los primeros encuentros sus protagonistas, Oskar y Eli. Esos encuentros en el patio nevado de su casa, con esos primeros planos de sus caras y esas miradas mientras juntan sus manos, consiguen calidez dentro de una paleta de colores fría.
Después todo se va yendo progresivamente al garete. Y la película se va desinflando quedándose en una convencional película de vampiros. Cada vez menos poesía, y cada vez más secuencias para acercarse en el futuro a Hollywood. Secuencias oportunistas y momentos que no concuerdan bien con lo que la historia parecía prometer en un inicio.
Muchas alabanzas para una historia que podría haber funcionado de forma más bella y más sentida. Pero los clichés terminan dejando la propuesta en solo algo interesante. Lástima.

Y si probaras a darte una vuelta por Nápoles nunca verías lo que narra "Gomorra"
¿Y si Matteo Garrone hubiera entrado directamente a filmar en Nápoles?
¿Y si la "realidad" que nos cuenta es la realidad que quiere hacernos ver?
¿Y si pruebas a leer la prensa italiana?
¿Y si en vez de fijarte en el vestido de la Johansson, miras tus "Nike made in China?
¿Y si Garrone es un oportunista?
¿Y si el vendedor de calabacines de la esquina vigila que no entren los carabinieri?
¿Y si la propaganda funciona cómo nunca?
¿Y si vieras cualquier documental sobre las mafias del sur de Italia?
¿Es "Gomorra" una mala película? Pues no, es tan interesante como el libro en el que se basa, tanto cómo la edición de la prensa italiana matinal o el documental del "History Channel" sobre la mafia italiana del mes pasado. El problema es que cuando algo se disfraza de cine se le tiende a dar mayor validez de lo que en realidad tiene.
Mucha Camorra trajeada de cine, cuando en realidad lo que menos contiene esta película es CINE.

La cámara de cine tiene la capacidad de captar el alma de lo que se filma. El cine es un estado mental, un engranaje que cuando funciona es capaz de clavarte en tu butaca y dejarte con los ojos cómo platos. Del 100% de lo filmado aproximadamente pasamos en la sala oscura por un 60% de imágenes y un 40% de espacios muertos, sin imagen. Es por éso que el cineasta debe intentar atrapar en ese espacio de imagen y sonido un retrato lo más fidedigno posible de lo que quiere rodar, plasmar y narrar.
Si el director ocupa ese breve lapsus de tiempo en filmar únicamente atmósferas, ese espacio de imagenes se ve drásticamente reducido; y es que Calvaire tiene cómo principal handycap su fijación atmósferica. Prácticamente todo lo demás queda encarecido y en el peor de los casos obviado, dejando a la película mutilada y dotando al engranaje con piezas de diferentes calidades.
Asistimos a una exaltación de la atmósfera que alcanza cotas rayanas al paroxismo. Es aquí dónde el film saca a relucir sus mejores cartas y dónde la realización es bastante destacable en sus diferentes apartados técnicos. Pero una película no solo ha de seducir por su atmósfera. De hecho uno acaba exhausto de este exceso desembocando en cierta desidia. Sus secuencias más destacables (no más de dos o tres) podrían funcionar perfectamente de forma aislada, pero por desgracia no nacen de forma natural o espontanea dejando al descubierto una estructura endeble y desigual a la que solo le faltan los fuegos artificiales.
Porque no solo con un movimiento circular y esquizofrénico con la cámara se compra el favor del espectador, porque no con un plano cenital demoledor ya se ha construído una película ni con un surrealista baile humano al son de un piano desafinado se contruye un relato de entidad plena.
Y al terminar el paseo por el pasaje del terror uno se dice: "divertida atracción, que pena que todo fuera un baile de máscaras"

Los abandonados del cine son aquellos que se atreven a soñar y a levar anclas sin miedo a quemar sus naves. Aquellos que sin temor a naufragar se adentran en la inmensidad del océano y gastan toda la pólvora disponible a riesgo de no poderse embarcar en una nueva aventura que pueda transportarnos a parajes inhóspitos e inexplorados más allá de nuestra imaginación. Aquellos que sin pedir nada a cambio ofrecen mucho, ofrecen demasiado y se dejan cuerpo y alma afrontando que ésa pueda ser su última función.
Juanma Bajo Ulloa es uno de esos abandonados, una de esas almas que un día sube al estrellato y al día siguiente se le aniquila y se le entierra. No es fácil explicar su situación. Artista polifacético, inquieto director que no ha dudado en jugarse su integridad, su dinero y su salud por ser honesto consigo mismo. ¿Qué lleva a una persona a un estado tan utópico y tan romántico como este? Porque no hacer otro “Airbag” y sacar pasta a cascoporro y convertirse en una pieza correcta; o al menos la pieza que cabría esperar.
Probablemente de un pensamiento en sintonía con su ser surge una pieza tan atípica en el panorama fílmico español como es “Frágil”. Ignorado por los organismos de rigor Bajo Ulloa opta por la autofinanciación, por ser él mismo y ser una pieza defectuosa del sistema. Pero de ese defecto aparente surge una flor en medio de la mierda que cuenta de forma bellísima una historia que puede ser leída en diferentes niveles y de distintas formas.
Aceptación de lo que uno mismo es, director inclusive; mandobles con espada a filmaciones falsas y héroes de barro que tan pronto se erigen se derrumban. Miradas al cine dentro del cine, historias de amor puras; introspección interior. Obra inadvertida o deliberadamente ignorada. De hombres y mujeres, amores y desamores, princesas y guerreros, héroes y villanos que recoge todas las virtudes y defectos de sus anteriores películas: “Alas de Mariposa”, “La Madre Muerta” e incluso “Airbag” dando la vuelta de tuerca definitiva y posiblemente final de un cineasta irrepetible. Un pedazo de cielo, un trozo de alma verdadero.

—Tomemos como ejemplo alguno de los planos sotenidos de "Nostalgia" de Tarkovsky. Allí el espectador puede quedarse minutos u horas postrado ante su enigmático magnetismo, incluso uno quiere pulsar el boton de la pausa para que el plano no termine.
—Un plano de Angelopoulos en "La mirada de Ulises" con su cámara escudriñando la estatua de Lenin transportada en barco ante la desencajada mirada de Harvey Keitel.
—Los campesinos que interpretan a campesinos en "El árbol de los Zuecos" de Olmi.
¿Cuál es el nexo que une a estos ejemplos? Posiblemente sea el uso del significado pleno en las escenas, la solidez y personalidad con la que están filmadas y ante todo la honestidad de no engañar al espectador ofreciéndo retazos del alma del director y de sus personajes.
Ahora bien, tomemos como ejemplo cualquiera de las secuencias de "Honor de Cavalleria" y rápidamente me viene un tufillo a falsedad en esos planos, esos actores y esas secuencias sostenidas. Nada me resulta auténtico en las andanzas apócrifas de ese Quijote, en esas naturalistas tomas de los descansos del Caballero de la Triste Figura. No hay significado, no hay poesía y ante todo no hay sinceridad.
Un rodaje pretendidamente descuidado y feo, publicaciones que inflan la película y espectadores que se dejan anular en su criterio por las palabras de cuatro supuestos expertos.
La película de Serra no tiene nada que ver con los tres ejemplos iniciales, quizá por que estos son demasiado buenos y la película que ocupa estas líneas sea mala por necesidad.
En estos tiempos que corren en el cine hay personas que necesitan crear nuevos ídolos de barro, yo por mi parte prefiero ver mil veces las películas de Tarkovsky, Angelopoulos u Olmi antes que encumbrar a un impostor.

La voz madura de un hombre nos introduce en el relato. Nos invita a conocer la historia sucedida en su juventud mientras ejercía como profesor en un pueblo con fuertes raíces religiosas del norte de Alemania. Su voz bien podría tratarse del testamento vivo sobre el Mal que aparece desde el primer plano en el que vemos el accidente del Doctor mientras regresa a la finca con su caballo. Un Mal que no dejará de estar presente durante todo el metraje de la película. Un Mal ambiguo que solo una mente privilegiada como la de Michael Haneke sabe plasmar en celuloide. Pero esta vez el director austriaco no se ha conformado con realizar solo una película perturbadora más. Ha echado toda la carne en el asador para construir un ejercicio de estilo formalmente impecable. Un blanco y negro de los de verdad, no de los de color desteñido, nos envuelve en un ambiente de opresión, asfixia y claustrofobia unos meses antes del estallido de La Primera Guerra Mundial. Podrían rastrearse las influencias de los grandes creadores del Séptimo Arte en la obra cinematográfica, pero esto se me antoja secundario porque la película es puramente un Haneke. Una radiografía de una comunidad, una premonición del futuro, un crescendo de accidentes antes de que ocurran los dos Grandes Accidentes en el mundo del siglo XX.
Los movimientos de la cámara de Haneke son tan terroríficos como los de un escalpelo de un cirujano en plena forma. Un cirujano de la conducta humana, que sabe donde cortar sin echar gota de sangre, sin dejar pistas claras del verdugo y de la víctima. Los travellings son un prodigio; una obra de un sabio de perfección enfermiza. Los raccords de miradas y gestos fluyen de forma natural, sin ser forzados y plenamente atinados.
El espectador teme el ver al grupo de los adultos, su disciplina que se deja a la imaginación, las atrocidades que ocurren fuera de campo. El Doctor, el Barón, La Baronesa, El Pastor, La Comadrona, los campesinos; todos ellos esconden terribles secretos, que nunca quedan claros, pero intuimos su existencia.
Más horror produce ver al grupo de los niños, semillas de futuro, que como esponjas absorben todo aquello que ven, oyen y maman.
¿Quién provoca la cadena de accidentes en el feudo del Barón?, ¿Porqué se producen?, ¿Dónde está el germen del Mal?
Después de cometer una falta te castigan, te colocan El Lazo Blanco para que no olvides la pureza, la inocencia y tu pecado. Un lazo de blanco puro, blanco madreperla sin contaminar. Tan solo unos años antes que esos lazos se tiñan de esvásticas y estrellas de David. Antes de perder la inocencia en una decadente sociedad de dudosa educación.
Casi una obra maestra que hay que ver, revisionar y jamás olvidar. La película por excelencia del 2009. La auténtica reivindicación y consagración de Michael Haneke como uno de los grandes creadores del Séptimo Arte.

La primera incursión en el género documental de la mano de Juanma Bajo Ulloa me ha dejado buen sabor de boca. La propuesta es sencilla, como Juanma nos decía bien ayer antes de la proyección: Él recibió el encargo de dirigir un documental sobre el final de una banda de Rock española, semidesconocida, pero de indudable talento sobre sus espaldas. “Distrito 14” eran para mi unos absolutos desconocidos. Jamás había oído hablar de su trabajo ni de la lealtad de sus de sus seguidores desde su Zaragoza natal, pasando por Cuba, Estados Unidos y llegando hasta Alemania. Una banda de culto que se mantiene en pie durante la friolera de 25 años (hasta su disolución en el año 2008) sin necesidad de la fuerza de los medios de comunicación, con promociones fallidas en sus álbumes de estudio; pero pese a todo, el poder de un sueño, de continuar con aquello que nos mueve, muchas veces es más importante que ser una mega luminaria del Rock.
La pregunta es: ¿Cómo un grupo de música se mantiene durante 25 años en activo pasando semidesapercibidos? La respuesta es fácil: Pasión. Amor a tu oficio, amor a la música y lealtad plena a tus principios pese a todas las dificultades que puedes encontrar en el transcurso de tu camino.
Juanma está más que correcto en su primer documental. Su visión romántica y limpia, apartada de presiones de la industria cinematográfica le permite total libertad para la grabación de este hermoso proyecto. El uso del HD como soporte de grabación me parece adecuado y consigue transmitir esa transparencia y sinceridad buscada. Juanma se convierte en los ojos del final de “Distrito 14”, investigando sus orígenes, seguidores, críticos musicales y sobre todo el motor que mueve a Mariano Casanova (vocalista y guitarra) y sus compañeros de formación. Bajo Ulloa consigue momentos de gran belleza plástica con el uso de la HD en consonancia con la música y las palabras de la banda y sus allegados. Las palabras de una muchacha de Santiago de Cuba o una amiga alemana de vital importancia logran remover las primeras emociones. Juanma nos muestra con humildad grandes logros que ninguna otra banda española ha logrado en su recorrido, logros que no se recuerdan porque no se publicitaron o deliberadamente se obviaron. Los planos cortos a los rostros son cercanos y cautivadores, sobre todo el plano a la esposa de Mariano Casanova, el otro motor de su vida. Juanma acaricia con tacto aterciopelado todos estos momentos. Y cuando llega el momento de la última canción, la mano de Bajo Ulloa tiembla emocionada mientras no deja de filmar. Y finalmente consigue emocionarme con un grupo que hasta ayer no conocía. Aplausos.
Buen debut en el documental, sentido y humilde.
Y Juanma, como te dije ayer después de la proyección: No dejes de hacer cine.